Ángel de Saavedra, 6
Evolución es lo que hemos visto en los últimos años porque no hablamos de una novedad. Pero claro, desde ese pequeño puesto del mercado de La Corredera, pasando por un local de mayor entidad en la calle Santa Victoria, al restaurante en toda regla que disfrutamos hoy en día, pues mucho ha cambiado. La actual localización es curiosamente de lo más discreta en uno de esos amplios callejones sin salida de la calle que aun muchos recordamos porque fue la del recordado Simago y hoy no deja de ser una de las arterias más concurridas de la ciudad uniendo Mezquita y Centro.
Interior de La Conchinchina en la anterior dirección de la calle Santa Victoria
Lo que no ha cambiado es la vocación oriental, aunque igualmente ha habido evolución. Inicialmente, más enfocado hacia el extremo oriente, hacia lo japonés como indica el sobrenombre de “sushibar” que ha venido manteniendo desde el origen. Eran las piezas de makis y niguiris junto con las cervezas de marca japonesa y sakes, lo que recordamos de esos primeros tiempos. Ahora lo oriental, en toda su amplitud del adjetivo, cobra más protagonismo porque si hubiera que clasificarlo quizás deberíamos hablar de cocina del continente asiático incluyendo toques de fusión con platos de otros lugares.
Interior del actual local de La Conchinchina en la calle Ángel de Saavedra
Pero antes de meternos en lo más puramente gastronómico, no podemos dejar de mencionar a la artífice que no es otra que Rosario Vacas. Polifacética figura cordobesa, que en su faceta artística pisa con solvencia salas y escenarios dedicándose al baile y el flamenco. Hablamos sin embargo de una mente inquieta que se ha metido en algo radicalmente distinto y siempre arriesgado como el negocio de la hostelería, que le dio por investigar en algo inicialmente alejado como la cocina oriental y que sin duda tiene buena mano para esto de la cocina.
El espacio creado en Ángel de Saavedra no es nada sofisticado. Al contrario, se trata de un lugar bastante informal a base de mobiliario con mesas y sillas recicladas y toques de decoración, carteles de cine y detalles varios, que sin esconder cierta artificialidad busca introducirnos en un cierto ambiente oriental. Tiene además un toque intimista o quizás así nos pareció por la tranquilidad del propio lugar, la luz interior, la música del momento y que tampoco estuvo especialmente concurrido en nuestra visita. Dicho todo esto, nos sentimos cómodos y a gusto, aunque la atención de quien nos atendió y la comida contribuyeron en gran medida.
Platos, cubiertos y palillos en las mesas en La Conchinchina
Regresando al tema culinario, queda claro que la temática asiática, en la mejor de las versiones de este calificativo, es la gran protagonista. Un auténtico recorrido gastronómico por países como Japón, China, Corea o Tailandia. No faltan guiños occidentales como algún risotto y mucho más cercanos las versionadas ensaladilla o bravas. Ya tomamos piezas de sushi en épocas previas, así que nuestro objetivo era probar cositas más elaboradas para lo cual, y a falta de cualquier referencia, nos dejamos guiar por la intuición y alguno de los platos que nos recomendaron.
Carta de La Conchinchina 2024
Empezamos con la “Ensaladilla de La Conchinchina”
Hablamos de una tradicional ensaladilla coronada por atún macerado, salsa kimchi y germinados. Hay muchas versiones de ensaladillas hoy en día, pero ésta la colocamos entre las más conseguidas. Empezamos bien.
“Ensaladilla de La Conchinchina”
Seguimos con los “Sam vietnamitas”
Básicamente, hablamos de unos “bocadillos” o "tacos" con lechuga en lugar de pan o tortillas. No disponían de los de pollo que ofrece la carta, pero nos decidimos por probar la versión que nos ofrecieron a base de mejillón en escabeche, cebolla, alga wakame, mermelada de kimchi y lima. Sorprende ya que algo tan aparentemente insípido como unas hojas de lechuga, que recogía toda esta mezcla, llegara a convertirse en un plato fresco y rico de verdad. Sensacional.
“Sam vietnamita” de La Conchinchina
Continuamos con unos “Udon de atún coreano”
Fideos udon, típicamente gruesos y hechos a base de harina de trigo, salteados con atún, verduras y salsa kimchi. Lo más original, el huevo frito que cerraba el conjunto. Algo tan contundente como sabroso que, en línea con lo anterior, nos gustó y mucho.
"Udon de atún coreano” de La Conchinchina
Terminamos con una peculiar tarta
Queríamos ver por dónde iba el postre y resultó ser lo menos oriental de la oferta. Casi sin saber que íbamos a encontrar realmente, nos decantamos por una “Tarta de palmera”. No es otra cosa que una tarta a base de las típicas palmeras que puedes comprar en panaderías o pastelerías, pero rematada a base de queso mascarpone y dulce de leche. Algo que suena simplemente como muy goloso, pero cuyo resultado fue, una vez más, más que satisfactorio.
"Tarta de palmera" de La Conchinchina
Para completar la experiencia oriental y de fusión, la bebida de acompañamiento que pedimos fue un tercio de cerveza Asahi y una copa de vino blanco variedad chardonnay de la bodega navarra Otazu. Con todo ello, la cuenta quedó en 46 euros.
Cerveza Asahi y copa de vino blanco Otazu en La Conchinchina
El balance resultó más que positivo con un servicio amable del que recibimos buenos consejos e información sobre los platos y con un espacio y ambiente en el que, como ya hemos dicho, estuvimos muy cómodos. También una buena relación calidad-precio y, por supuesto, la comida que disfrutamos y con la que quedamos con ganas de más. Efectivamente, la carta sugiere muchas cosas ricas y tras la experiencia solo queda regresar para terminar de descubrirlas.
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